sábado, 2 de noviembre de 2013

Los desafíos del FIT: hacerse aún más grande, transformándose en una poderosa alternativa y combatir las tendencias a la adaptación al régimen

Hay que hacer más grande al FIT

La enorme elección realizada por el Frente de Izquierda expresa, aunque de manera distorsionada -porque sucede en el peor de los terrenos para los revolucionarios, como es el de las elecciones burguesas- un gran avance en el nivel de la conciencia de amplísimas capas de la clase obrera y del pueblo, que vienen luchando contra los efectos del Plan de Ajuste, Saqueo y Represión del gobierno kirchnerista.

Por primera vez en la historia de nuestro país, cientos de miles empezaron a optar por una salida política electoral diferente a la que ofrecen los distintos partidos patronales, votando luchadores obreros y socialistas. Este también es el resultado de muchos años de paciente y sistemática militancia, llevada adelante por los partidos revolucionarios, principalmente por las organizaciones trotskistas.

Semejante realidad pone a los dirigentes del Frente de Izquierda ante un enorme desafío. O se contentan con mantenerse como un simple fenómeno electoral, dentro de la cual cada partido gana cierto espacio mediante la obtención de algunas bancas en el Congreso; o revolucionan al FIT, transformándolo en una herramienta para la organización de la nueva dirección política y sindical de la clase trabajadora, incorporando a todos los activistas, personalidades y partidos dispuestos a sostener su programa.

Si las conducciones del Partido Obrero, al PTS e Izquierda Socialista se disponen a tomar este rumbo, “abriendo las puertas” del FIT, miles de luchadores y luchadoras de la nueva vanguardia que emerge en cada una de las luchas fabriles, universitarias y populares, se incorporarán a la militancia socialista. Lo mismo harán decenas de pequeñas y medianas organizaciones de izquierda y cientos de personalidades, que coinciden con la necesidad de unir a la izquierda revolucionaria.

De esa manera, el Frente de Izquierda podrá convertirse en una verdadera alternativa de dirección para el conjunto del movimiento obrero y popular, que está reclamando a gritos la posibilidad de dotarse de una política distinta a la de quienes lo condujeron -durante años- a enormes frustraciones y derrotas.

Una política, revolucionaria y socialista que le sirva, no solo para ganar las próximas batallas parciales contra las patronales y el gobierno, sino para preparar la pelea de fondo contra el conjunto de las instituciones del régimen capitalista semicolonial que impera en nuestro país al servicio del saqueo y la explotación imperialista: La lucha por imponer un gobierno obrero y popular que inicie el camino hacia el Socialismo.

Desde Convergencia Socialista, en función de esta tarea, continuaremos militando leal y fraternalmente dentro del FIT, aportando nuestras propuestas y críticas, como lo han demostrado todos nuestros militantes a lo largo de la campaña electoral. 

El peligro de la adaptación al régimen

Sin embargo, el gran triunfo del FIT significa que, de acá en más el conjunto del régimen democrático burgués presionará aún más que antes sobre sus partidos para minar la posibilidad de que se ubique como una herramienta al servicio de las luchas y los luchadores y termine, como sucedió con el viejo MAS y otras organizaciones, transformándose en un apéndice izquierdista del sistema al cual dice combatir.

Esta advertencia que estamos planteando no es un invento de un grupo de "sectarios" incurables, sino parte fundamental de la elaboración política y programática que han realizado los maestros del marxismo, previendo situaciones como esta. Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo y demás "próceres" del socialismo revolucionario advertían sobre estas presiones, ya que vivían en países en los cuales sus respectivas organizaciones llegaron a contar con bloques parlamentarios importantísimos. 

Lenin no solo no subestimaba el trabajo en ese terreno, sino que lo consideraba “como uno de los medios para ilustrar, educar y organizar al proletariado como partido de clase independiente, como uno de los medios de lucha por la liberación de la clase obrera.” (Obras Completas, tomo XI, página 273)

Coherentemente con este análisis y con la práctica de años de los Bolcheviques, los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista -fundada después del triunfo de la revolución de 1917, reafirmaron esta premisa, tal como lo explica el siguiente párrafo, que hemos extraído de sus documentos:

“…el estado mayor revolucionario de la clase obrera está profundamente interesado en contar, en las instituciones parlamentarias de la burguesía, con exploradores que facilitarán su obra de destrucción... el método fundamental de la lucha del proletariado contra la burguesía, es decir contra su poder gubernamental, es ante todo el de las acciones de masas…”

Esta concepción, defendida por quienes tuvieron el mérito de dirigir la primer revolución proletaria triunfante, se construyó al calor de una activa militancia parlamentaria, del debate durísimo con otras organizaciones de izquierda  y de un estudio minucioso de los textos escritos por Marx, Engels y demás maestros del marxismo.

Era el mismo punto de vista que tenía Rosa Luxemburgo: “Desde el punto de vista de una movilización por el socialismo, la lucha sindical y nuestra actividad parlamentaria poseen una importancia inmensa en la medida en que despiertan en el proletariado la comprensión, la conciencia socialista y lo ayudan a organizarse como clase.”

Quien parece no sintonizar con esa misma frecuencia es Jorge Altamira, que unos días antes de las elecciones dijo, refiriéndose a la crisis producida por el apartamiento temporario de la presidenta: “Si el Congreso sigue en manos exclusivas de los partidos tradicionales… el desenlace del vacío de poder que ha quedado al desnudo será decidido contra los mejores intereses de los trabajadores”.

Este razonamiento, que conduce necesariamente a la conclusión de que si el congreso estuviese en manos de partidos “no tradicionales” resultaría beneficioso para los trabajadores no fue un "lapsus" de Altamira, sino el mismo análisis que sostuvieron varios de sus compañeros del PO, ya que fue repetido por varios candidatos importantes de este partido en distintos reportajes concedidos durante la campaña electoral.

Coherentemente con ese punto de vista, en uno de sus materiales electorales más difundidos, el Partido Obrero fue aún más allá afirmando que: “…una votación importante de la izquierda le hará poner las barbas en remojo a los que pretenden descargar la crisis sobre el pueblo, porque mostrará su disposición de que la historia no se vuelva a repetir.”

¡Compañeros del Partido Obrero… ninguna votación importante le pondrá las barbas en remojo a los que pretenden descargar la crisis sobre el pueblo… esto solo sucederá cuando las movilizaciones obreras y populares los derroten! 

La campaña electoral llevada adelante por el PO y sus aliados no tuvo el perfil que recomendaban Lenin, Trotsky y Rosa, ya que no existieron denuncias contra el régimen democrático burgués ni un sistemático llamamiento a la lucha obrera y popular por fuera de los estrictos límites del régimen democrático burgués. ¡Una orientación que las direcciones del PO, PTS e IS deberían cambiar, de manera de evitar sucumbir a los cantos de sirena de la democracia burguesa!  

El parlamento burgués jugará un papel significativo en el período que se avecina, obviamente sosteniendo al régimen capitalista semicolonial en crisis; apoyando al gobierno para que continúe aplicando el plan de ajuste, saqueo y explotación, que es compartido por la mayoría aplastante de los diputados y senadores. ¡Cuando caractericen que el gobierno "no da más", se jugarán a imponer cambios dentro de la institucionalidad, con el propósito de seguir con el mismo rumbo económico y social aunque con otros protagonistas!

Los diputados obreros tienen que combatir la política de los legisladores burgueses, denunciando sus planes reaccionarios y presentando debates y proyectos alternativos. Sin embargo lo más importante no pasa por esto, sino por llamar permanentemente a las masas a movilizarse y a enfrentar con dureza al conjunto de las instituciones capitalistas.

Hay que utilizar todos los espacios legales para sembrar desconfianza en los mecanismos institucionales burgueses e impulsar decididamente el método de la acción directa (huelgas, marchas, cortes, tomas, etc.) que es la principal herramienta con que cuenta la clase obrera para obtener sus reivindicaciones insatisfechas.

Los revolucionarios deben poner en la mira de las masas en lucha al gobierno, al ejército, al parlamento y la justicia, proponiendo -a través de consignas sencillas y entendibles- la necesidad de reemplazarlos por órganos del poder obrero y popular, asentados en el régimen de la democracia directa de la clase obrera y el pueblo movilizado.

Si los dirigentes del PO y del resto de los partidos del FIT no lo hacen, contribuirán a crear la falsa consciencia de que a través del parlamento burgués se puede llegar a conseguir algún tipo de conquistas. ¡Así, en vez de contribuir a la necesaria destrucción de este escollo para la revolución, lo estarán apuntalando!

En definitiva, hacer grande al Frente de Izquierda significa apoyarlo para que se consolide como un punto de referencia nacional frente de las luchas y los luchadores, reclamarle que abra las puertas para que incorpore a todos los activistas, dirigentes y partidos que coincidan con su programa general y, también, presentar batalla contra estas tendencias, objetivas, a adaptarse al régimen de la democracia burguesa. 

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